jueves, 24 de enero de 2008

Dulce Condena

No podrás matarme.
Aún tienes el rasguño de mis besos
en el caudal de tus hombros.
El ruido de mis sueños
en tu cabello evaporado.

Tengo tu cuerpo,
tu silencio en el humo de mis manos.

Aún vienes de mí.
Aún huelo a tu espera.
A tus pasos
buscando encuentro en tardes ocasionales.
Aún el pueblo de tus gemidos recibe el calor de mis ojeras.

No podrás matar el infierno donde renaces después de habitar mi cuerpo.

Olvídame, pero no matarás tus manos buscando puerto en mi soledad.

3 comentarios:

BELMAR dijo...



S i l v i a :

Me alegra tu adhesión,
las acciones que se están
realizando en la zona
pueden ser seguidas en:


www.losrobles-no.blogspot.com


desde Santa Cruz, Oscar Belmar

rosalia dijo...

que bueno que la poesia hable un poco de la vida real me identificaste.

Néstor Morris dijo...

Me gustó mucho este poema y la página en su extensión. Buena forma y estupendo contenido.

Un cordial saludo.