
Sus días son normales, ir por la ciudad haciendo trámites y por la tarde, regresa a casa arrastrando un cansado contento que alivia después de una larga ducha caliente.
Desde hace un tiempo tiene un ligero salpullido en el cuerpo, y le descuecen los ojos, el tratamiento con el dermatólogo no mitiga sus dolencias, por lo que deduce otro médico que es una alergia nerviosa, pero los tranquilizantes no obedecen.
Todo se calma cuando llega el ocaso. Se queda por horas mirando el cielo, ese espacio infinito, que la hace sentir pequeña, acompañada dentro de su soledad. Mira las estrellas, contempla la luna, el ir y venir de lejanos cometas, no requiere pensar, el universo llena su pensamiento, encuentra que nada le puede ocurrir si está bajo el amparo de la noche.
Anhela ser algo fugaz, luminoso, cruzar universos en un instante, vivir en otra dimensión y luego saltar a otra galaxia sin importar ni respetar la medida del tiempo. Conocer seres que no tienen cuerpo humano. Conocer espíritus buenos y malos. Conocer otra forma de vida. No es que esté desconforme con su vida o quiera sentirse y ser diferente. Ella, sólo quiere ser algo, profundamente fugaz.
Después de varias semanas de molestias por el salpullido, ha logrado dormir sin dolencias. Siente, cree, piensa que la noche la invita a su mesa, las estrellas le dan de beber un brebaje de luz titilante, comparte con la luna una ensalada de sombras en menguante y creciente y los hoyos negros la invitan a compartir el postre con diferentes espíritus que bajan y suben de todas las galaxias.
Amaneció con la piel tersa, el salpullido cesó completamente como los anhelos de ser algo profundamente fugaz. Después de la rutina y sin importar donde se encuentre, contempla el universo cuando la noche ha consumido el día, al mirar el cielo siente, cree, piensa "Allá voy" .