martes, 27 de noviembre de 2007

A mi sobrina

Te conocí un dos de enero
después de nerviosos cigarros,
eras diminuta como noche
recién comenzada,
estrella frágil cayendo
a los brazos de mi universo.

La vida tuvo otro sentido
desde que lloraste en mis brazos
de vacío incandescente.

Fuiste hija, hermana, amiga,
la razón necesaria para continuar
hasta la otra esquina.

Y ahora pienso que:
quizás velé tus sueños,
quizás te ponías mis zapatos
quizás te llevé a la plaza
quizás daría la vida por ti.

Y es que hoy veintisiete de noviembre
te desprendes de una vida
y sin preguntar, no soy invitada
a la ceremonia de los justos.

Quizás porque no me quieres
quizás porque me olvidas,
como sea no seré la invitada
de piedra,
ni la piedra que pisoteas
para luego pedir disculpas.

Me repliego en silencio
escondo el color de la herida
detrás de la sombra del viento
que a esta hora me acaricia,
como sea te heredo la luz
de una vela encendida
para que ilumine el destino
de tu nuevo semáforo.

2 comentarios:

buitre dijo...

Amiga, si dios no te da hijos, el diablo te da sobrinas.

Karen dijo...

Dando vueltas por ahí llegué hasta aquí, adoro el arte de escribir y tus textos me parecieron muy bellos, pues logran transmitir tus emociones. A ver si te animas y pasas por mi blog. Saludos Karen.