domingo, 25 de febrero de 2007

La Vendedora Errante



Todo está desordenado. Existe un caos terrible de tazas, vasos, cucharas perdidas. Pero no están perdidas, están regadas por todos los rincones de la casa. Mañana haré limpieza. Se dice a diario, pero una semana se junta con otra y el stock de vajilla no da para tanto. La cama como no se puede mover fácilmente está en su lugar, parece un closet que alberga ropa limpia y sucia, más de una vez encontró un platillo en medio de las frazadas, platillo dejado debajo de la cama, ya que el velador tenía la paila donde el martes pasado comió huevos fritos.

No es que sea desordenada o sucia. Tiene un sentido del orden y limpieza que llega a molestar. Todo siempre en su lugar, ninguna pelusa en los muebles, ni polvo en el piso, pero llega arrastrada incendiándose de cansancio y sueño, con un hambre aplacada por el hastío y lo más rápido es una taza de café y dos cigarros. A propósito los ceniceros son otro objeto perdido en la ciudad que tiene dentro de la casa.

Hoy llegó con un grito que le cruza toda la espalda, sus pies y manos parece que fueron rescatados de una explosión, tiró todo cuanto había en el sofá y se tendió sin apagar la luz, sin tomar café, sin sacarse la ropa y durmió sin saber que dormía, durmió hasta las tres de la tarde. No sintió el despertador, el ruido acostumbrado de la reja de los vecinos, los perros ladrando lo mismo de siempre, ni a la señora que pasa todos los días gritando la verdura fresca.

Se levantó y sin mirar la hora tomó el pijama como una zombi y se fue a dormir donde correspondía, a la cama, sin pensar en monedas, que alguien le puede quitar el puesto o que no tendrá dinero para cancelar la cuenta del almuerzo. Sueña que es millonaria, que los garzones de un restaurante de lujo se pelean por atenderla, que toda su casa está limpia y ordenada gracias al ama de llaves y que la cocinera le prepara una deliciosa comida. Duerme sonriendo, alcanza a mirar todo y comer el primer bocado.

Pero despierta, no le importó dormir demasiado, ahora tiene fuerzas para recoger tazas, paila, vasos, ceniceros, y limpia las dos piezas que la albergan mientras piensa que mañana desde diez para las nueve estará en el primer Banco, después irá recorriendo los otros hasta las dos de la tarde y luego se irá al terminal de buses para terminar de vender las tiras de dipirona y parches curitas.

viernes, 2 de febrero de 2007

Intimidad Femenina


Como siempre. Desde siempre mirando desde dentro de la casa. Contemplando el ir y venir convulsionado de tantos cerrados mundos, a los que en forma cálida recibes con un plato de sopa caliente o un vaso de agua fresca.

Son tantos abriles, tal vez demasiados siglos a la sombra de un río, ordeñando soledad, multiplicando el silencio. Con un cuerpo que tiene demasiada alma y demasiado espíritu para un solo cuerpo tan frágil, sereno, tan histérico, tan lleno de gritos y de voces pálidas hasta el olvido.

Fue demasiado olvido para una sola carne, sin embargo aún permaneces ahí, menstruando cada mes en forma cíclica, así como la naturaleza que se florece, deshoja, llueve, se incendia alrededor de sol y luna.

Eres tan tierra
Tan cielo
Tan humana
Y divina.

Tan olvidada y ahora después de un parpadeo de lo privado pasas a lo público, en forma veloz has debido cambiarte de ropa, sin sacarte el delantal has puesto tus manos en el mundo exterior y amasar para sobrevivir en una realidad que nunca hubieras construido, tomar armas ajenas y combatir esta enfermedad social que se estrella en el jardín de tu puerta.

De pronto tuviste alma, sin dejar de ser objeto de un discurso extranjero, te volviste cómplice solidaria, hermana sin dejar de ser amante y puta marcada. Porque te prostituyeron desde niña, te cambiaron por animales y especies. Te hicieron amante para satisfacer placeres, te escupieron, ni la cruz te salvó. Tu salvación no responde a un acto divino, porque perteneces a lo sagrado. Te salvó la humanidad que llevas dentro, esa intuición que otros quisieran. El silencio de siglos lo transformaste en sabiduría ganada con la sal de la experiencia.

No todo responde a la razón
No todo es “Pienso luego existo”
Una hija existe, luego siente
Luego piensa.

Y ese misterio nadie lo sabía, como nadie sabe que el conocimiento puro, conocimiento racional, tan sólo se alcanza en la manera de albergar, entregar y cuidar vida, respetando sangre, tierra y cielo para no incomodar a la naturaleza con el llanto de tus crías.

Ahora rápidamente todos son iguales, caminando, luchando en cada momento, ideando estrategias para sobrevivir en esta jungla mecánica llena de maniquíes. Todos somos iguales y la historia no sirve para solventar los días.

No hay rescate. No grites mujer. A nadie le interesa los siglos ocultos en tu pecho, el presente es una convulsión de vértigos continuos, los semáforos siempre en verde sentencian que no existe paz ni tregua.

No hay tiempo para mirar el oleaje silencioso de las hojas caídas de tu memoria, aún así no dejes de ir al pulso vital de tu sangre para venerar a la diosa que llevas dentro.

Pensamiento de Una Reclusa


Son las ocho de la tarde. La noche recién comienza y no estoy preparada aún para recibir la comunión de su inquieto silencio, que hace surgir entre sombras brillantes el recuerdo de los amados ausentes.

Imagino sus manos dormidas buscando el país incendiado de mi cabello lejano, su voz que sólo me nombra para preguntar cuando regreso a casa.

Sobrevivo como cualquier persona, pertenezco a una sociedad que no perdona y sólo acusa a quienes hemos tenido como cielo el infierno donde lamernos esta herida que siempre tiene escasez de pan, agua limpia y ropa.

Soy culpable, pero ¿Quién es inocente después de conocer el peso de la vida? Si alguien me apunta con un dedo, los otros tres dedos de su misma mano lo acusan. Soy culpable y pago mi condena. Pienso ¿Cuántos culpables caminan allá afuera como si fueran inocentes?.

Que importa, así es el destino, el puñal, la cartera y el camino que tomé para solventar la vida que cabe en un sólo día.

La noche ha comenzado, un hijo, un hombre se duermen tristes porque no estoy a su lado y juro que cuando salga seré culpable de servir un desayuno limpio todos los días.

Comunión Nocturna


Como siempre, desde siempre esperando que su silencio calce con la soledad escrita en mi voz.

Hoy, nuevamente estoy aquí, como hace siglos, juntando ausencias para que su orfandad se diluya en los colores pálidos de mi piel.

Como siempre, mirándola desde los cinco puntos cardinales, dejándola ser y que sea en mí como yo soy en ella, vertiente de un paraíso indómito y solitario como los pasos de un profeta novicio.

Cada cual con su lenguaje de amapolas trizadas, caminando juntas hacia un mismo destino cotidiano, huyendo hacia patrias musicales y regresando a casa, sin partituras ni abecedarios donde sepultar el último cáliz del olvido.

Desde siempre, me voy esparciendo brumosa bajo su garra diabólica, delicada, virginal, hasta ser agua para su boca infinita, colmada de océanos estrellados a punto de caer. Y ella, diluyendo sus pétalos celestiales sobre esta mundana piel, hasta inundar mis días con el sabor del azul oscuro de sus pupilas.

Como siempre, desde siempre, estoy sobrevolando la noche y la noche se embriaga con mi aroma de mujer provinciana. Así nos amamos hasta fundirnos en una sola.

Tal vez por eso los hombres que me besan, siempre dicen que mi lengua sabe a misterio y a noches pendientes.

Como siempre, voy hacia ella hasta formar parte de su lenguaje. Desde siempre, la noche viene hacia mis campos cubiertos de vino y de una ligera esperanza. Ambas nos necesitamos para no morir demasiado en un solo día.

viernes, 17 de noviembre de 2006

Persiste Cesantía


Soy la perfecta imperfección de una realidad común, que los otros quieren ver sólo en estadística. Nadie quiere mirar carne, rostro, ni oír la voz de una Cesante porque todos tienen la convicción de que siempre necesitamos algo.

Soy sospechosa en primer grado por el simple hecho de no tener trabajo.
Sospechosa de molestias, de alguna moneda perdida, de andar con malas vibras y con cara de pedir fiado en el negocio de la esquina.

Sospechosa de tener tiempo libre para inventar tonteras, de andar siempre con la libreta atrasada a la espera de alguna invitación y de una desnudez en decadencia como las esperanzas de que esta pesadilla finalice antes que termine la tarde, para que el insomnio no colme de puntos suspensivos otra noche y amanecer triturada junto a la última esperanza.

Triturada junto a la última esperanza, camino por el cansancio y por esta sensibilidad que no quiere perder la dignidad, ni entregarse a la desesperación de estos días sin futuro.

Continuo pendiente, indigente y postergada, con una sonrisa profesional en las manos, infinitas copias del currículum y de mi misma. ¡A estas altura todo original se ha perdido, inclusive el de mi propia esencia!. Aún así, la vida continúa y en cada atardecer agradezco la sombra iluminada en el espejo.

Cansada, desnuda, triturada, emerjo sonriente desde las cenizas que fui ayer, el mundo no doblega a quien aguarda respuesta, no existe el fracaso para quien espera.

Me apodero de los lugares públicos, por eso me siento en una banca municipal, si hace mucho frío o calor, hay que entrar al museo o a alguna exposición de algo, lugares donde te puedes tomar un café gratis, o pedir un vaso de agua sin que nadie te ponga mala cara, ya que todos tienen poco quehacer.

El celular suena, la vacante ha sido ocupada, o no fui seleccionada. ¡A la cresta esa oportunidad!. Me deprimo medio segundo y continuo esperando mientras converso con otra cesante sobre lo inestable que está el tiempo y lo gastado en fotocopias y en correo.
La locomoción no importa, hace bien caminar cuarenta o sesenta minutos diarios, sirve de ejercicio, para que se va a gastar en micro o colectivo, hay que caminar. Así la tragedia se mira por el lado positivo, lado por el cual mira todo chileno su realidad. CONTINUARÁ.

Inviernos con la Abuela


Hoy amaneció con neblina. Con esa niebla que gotea intermitente y cae en pequeños ruidos sobre el techo. Hace frío le digo a la abuela. No mucho, me responde, antes los inviernos eran inviernos, la calle brillaba por la helada caída durante la noche y luego la helá se subía y llovía con frío.

No quiso ir a vivir con nadie después que murió el abuelo. “Nadie decide por mi y no soy un mueble” nos dijo mientras golpeaba con el bastón el piso encerado de la cocina. “Dios sabe cuando y como tengo que morir”, dijo mientras atizaba el fuego del brasero para terminar de coser las churrascas.

Desde entonces nos turnamos para venir a verla. Este fin de semana es mi turno. Estamos en la boca del invierno, en esta época la abuela comienza a leer el génesis y a tomar milo. Una serenidad intocable cuelga de sus sienes y lo único que espera es partir a los brazos del abuelo. Le dice a Dios que ya está bueno, que es hora. Pero Dios aún la tiene como roble cuidando el jardín, la pequeña huerta donde saca todos los días hierba para el mate.

Esa biblia quizás cuantas veces ha sido leída, página a página durante un año y siempre el génesis comienza a leerlo a la entrada del invierno. Hoy el día comenzó con neblina. La miro: Miro la estufa a gas intacta, el teléfono con un paño encima, intacto, así como divino o como un templo intocado y respiro tranquila. Apago el celular y me entrego a su mundo de churrascas, café de trigo, mate y de almuerzo, de almuerzo hoy tiene pantrucas.

Me olvido de la comida rápida, las papas fritas y salgo los domingos de su mundo, oliendo a carbón y naftalina, pero salgo renovada y feliz y comprendo el mundo con su sabiduría, con esa eterna serenidad que sólo ella transmite a mi convulsionado mundo.

Sabiendo que no creo, me lee algunos párrafos de su biblia, luego cierra el libro y me habla en murmullos. Sus palabras suavizan la dureza de mi rostro al sentir que sin hablarle de mi rutina, me conoce, me reconoce y alberga como dios primerizo buscando oídos para justificar su presencia.
La abuela tiene que morir algún día, lo sé, lo que no entiendo y no comprendo es como empezar un invierno, el primer invierno cuando ella sea la neblina que caiga silenciosa por el techo.

Felicidad de un Marginal


Búsqueda irreversible este pequeño don que huele a copa gastada en la misma esquina de hace tantos siglos. El humo golpea los vidrios salpicados de barro, mientras afuera, al lado de la puerta duerme un perro callejero soñando que ha llegado a casa y nosotros soñando que hemos llegado al olvido.

Henos aquí, con los ojos empuñados tratando de olvidar el vértigo del mundo, corriendo en dirección a la huída donde calmar la herida de nuestros fantasmas que al llegar la noche nos muestran la arcilla de esta furiosa soledad.

Nacimos distantes del original de la vida, con un ángel funerario bien adentro, llenos de camino y furia porque no pedimos este dolor, esta memoria que es un crimen, un castigo, una lágrima detenida en mitad del rostro y pesa como piedra y quema como arde la vida.

Así somos los inquilinos de este destino, o de esta circunstancia eterna. Así somos los que llegamos a este bar donde siempre es media noche, el tiempo está detenido en sus ventanas, sudando con nuestro sudor. Estos vidrios es lo único que sostiene algo de nuestro vagar y escucha atento nuestras palabras.

Aún así, aquí cantamos, creemos que somos felices y que tenemos dios, que importa que no llegue, pero él nos recibirá antes de llegar a la fosa común.

miércoles, 15 de noviembre de 2006

Alma Inocente


No despiertes. Continúa relegada a la inocencia, respirando despacio para que nada ni nadie te humille, te someta, te clone o pongan en una probeta y te hagan vivir de manera artificial, o te hagan vivir de modo real.

Continúa en tu sopor
sueña sin limites
ingobernable
no dejes huellas
pero continúa existiendo
ingobernable.

El aire ha sido contaminado, el agua enfrascada y nosotros sometidos a la ley humana y divina, como sea, sometidos. Aún así aún existen guardianes cuidando tus fronteras para que vivas tranquila lejos de la moral, la complacencia y estas estúpidas guerras cotidianas donde se entrega la vida que debemos vivir mañana.

Y así vivimos, a crédito, en pequeñas cuotas, de forma elástica estirando el pan, el cuerpo. Este cuerpo guerrero con armas moldeables, acondicionadas, entregadas al enemigo, y a veces, muchas veces entregadas a nosotros mismos, al vernos sobrepasados de horarios y trabajos sin tregua. Estudiando el día el día, para que no sobre ni falte un gramo de grasa ni de esperanza, amasando alegría, para que el universo responda a nuestra necesidad de vivir en un mundo más original.

No te canses cuerpo, no te fatigues
en el paraíso de los impuestos
no reclames, no te insomnies
por la cuota vencida.
Tienes crédito.

Sí, tenemos facilidades para vivir, perdón mejor dicho comprar. No, la realidad es que tenemos derecho a endeudarnos, a pagar tres veces lo solicitado. Antes los pecados se pagaban con tres Padre Nuestros y tres Ave María, pero aquellos pecados respondían a una falta divina, y hoy lo divino se ha transformado. Lo divino está al alcance de nuestras manos, el templo es un smoll donde ir a recrear nuestras fantasías, un salón de café donde ir a confesar los pecados, un cine para olvidar lo cotidiano, una vitrina donde podemos soñar lo que se anhela comprar o un ciber café, para caminar por el mundo tener amigos confidentes a quienes con un sólo clic podemos dar de baja.

Porque hoy estamos conectados con medio mundo, tenemos amigos al otro lado de la frontera, amigos que saben la mitad de nuestra vida o de sueños, pero no está la pupila, el saludo fraterno, esa música que lleva nuestra voz al oído del otro que nos escucha. Sólo existe el tecleo en esta amistad y la gratuidad de no conversar más, no respondiendo al correo electrónico. Total ese amigo no irá a golpear la puerta a mirarnos cara a ojo preguntando lo que pasa.

aún conectados
seguimos solos
con esa soledad amarga
que sólo entrega
desesperación.

Y es que nadie nos enseñó que la soledad, el silencio, son buenos compañeros. Con ellos te conocemos, conocemos tu pudor, la cuerda locura de saber que existes, que vives radiante, inmaculada, con una inocencia que encandila y aturde a cualquier pupila que pueda mirar la frescura de tu fuego. Porque eres algo no tangible y sin embargo eres dueña de una fuerza jubilosa en estado puro y primitivo.

No aceptas dosis, ni pócimas, ni leyes, tienes sangre maestra y una humildad que nadie soporta. Quizás el amor cuando se expresa en su más excelsa pureza puede compararse a tu serena brutalidad inmaculada.

No despiertes Alma mía, sigue viviendo respirando, dentro de nosotros, para que nadie te pueble, ni te pongan tubos, para que no veas noticias y permanezcas como nosotros algún día fuimos:

Inocentes.


RECONCILIACIÓN

Quizás algún día esta alma que me habita borre su innata nostalgia, el aire sereno y nebuloso que nos separa como si fuéramos dos extrañas respirando con pulmones diferentes.

Confieso que le enseñé el útero de la soledad, vivir en sus arcas sin que el oleaje de lo cotidiano perturbe el silencio amarillo de esta racional locura, de mirar todo como si fuera una diosa recién parida a orillas de una tierra que sólo conoce el aroma de una rasguñada caricia.

Mi extraña habitante conocida. Mi pobre Alma ha tenido que vivir a través de mis gestos. Fue sentenciada a mi piel, a responder y llevar mi nombre. Ha tenido que soportar las aventuras de noches virginales y endemoniadas. Ha tenido que oler el perfume de mi silencio y caminar sobre inviernos cuando aún es primavera.

Ahora estoy mirándola con el mejor original que me queda, después de tantas fotocopias quemadas en el infierno. Responde a mis ojos sin orgullo ni grandeza y yo no puedo sostener la voz de su mirada y me quedo desnuda oyendo el silabario de la pureza, que aún mantiene después de vivir bajo la lluvia cotidiana de mi forma de ser.

Mi Alma confiesa que no es necesario vivir a pulso, sosteniendo en la garganta gritos, vacíos y pequeños infiernos, que la vida es reposo, una tregua disfrazada de luchas innecesarias, una hermosa canción entonada con tristeza y dolor.

Desde ese encuentro acepto el barniz sereno de su piel, he dejado de gobernarla y somos una sola divinidad, con dos soledades hermanas respirando juntas en un mismo pulmón.

lunes, 2 de octubre de 2006

Juana Inés de la Cruz


SABIDURIA CASTIGADA

Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana, fue una niña prodigio, quien a los tres años acompañaba a escondidas a su hermana a clases, fue así como aprendió a leer. Después vive en el pueblo de Panoaya con su abuelo Pedro Ramírez, quien tenía una biblioteca de la cual nuestra Juana Inés alimentaba su espíritu, sin importar los castigos a los que era sometida. Gracias al contacto permanente con los indígenas aprende a hablar Náhuatl. Luego es trasladada a la ciudad de México a vivir con unos parientes de su madre, quienes la enviaron a estudiar latín, para gran sorpresa de todos, aprendió esta lengua en sólo en 20 clases.

A los trece años es llevada a la Corte Virreinal para convertirse en dama de compañía de la virreina doña Leonor Carreto, Marquesa de Mancera, dama culta y muy inclinada a las letras. Poco antes de los diez y seis años decide no contraer matrimonio para dedicarse exclusivamente al arte. El único camino a seguir para continuar con sus estudios es el convento, sabía que la iglesia contaba con una variada y extensa biblioteca que no estaba al alcance del público. Es así como opta por recluirse en el convento de San José de las Carmelitas Descalzas, donde sólo está tres meses y se enferma, por lo que debe regresar a palacio, después de un año y medio regresa a la vida religiosa en el Convento de San Jerónimo es así como el 24 de febrero de 1669, toma los votos para convertirse en Sor Juana Inés de la Cruz.

Sus lecturas ahora continuaban siendo objeto de regaños ya que su confesor el padre Antonio Núñez de Miranda, le reprochaba que escribiera, como también que tuviera el hábito de la lectura porque no eran actividades bien vistas para una monja. Fue castigada en la infancia y luego en su vida adulta por la pasión que la mantuvo despierta durante su corta vida.

Una de las cualidades de esta célebre mujer, fue la capacidad de renuncia que tuvo para seguir el camino que realizaría y culminaría la razón de sus sueños. Esta capacidad de seguir soñando sin medir el tiempo, no fue fácil ya que tuvo opositores de poder, que celosos de su genialidad y sabiduría, pretendían hacerla callar. Su capacidad de renuncia es amor al arte, el cual la poseyó por completo desde su infancia. Las lecturas la embrujaron a tal punto que sólo encontró reposo y deleite en las páginas de un libro.

No quiso nada de lo poco que en ese tiempo el mundo ofrecía a las mujeres. La pasión por escribir levantó en su alma un templo donde rendirle tributo a la diosa “poesía”. Renunció a vivir en palacio y llevar una vida confortable, cotidianidad cercana al placer buscado por cualquier mortal que sólo pretende anhela lujo y comodidad. Su enclaustramiento sólo puede responder a las ansias infinitas del silencio que se requiere para leer y escribir, no necesitó sumergirse en lo cotidiano para comprender y sentir el pulso de la rutina vivida en sociedad. Optó por silencio y quietud para oír las voces sufrientes del pueblo de su alma, renunció al baile del palacio para bailar con la sombra de su pluma la melodía que entonan las palabras.

Como fiel espectadora contempla desde el balcón la escena social, mira como actúan hombres y mujeres en el teatro de la vida, para luego volcarse sobre sí misma y escribir en forma certera y visionaria uno de sus más conocidos poemas, en el cual en forma delicada y directa reprocha a los hombres la forma de ser de las mujeres. Este poema hasta el día de hoy aún está vigente, el tiempo no ha devorado el sentido de sus palabras y se ha encargado de mantenerlo joven y fresco para el deleite de todas las generaciones que han pasado por la historia. Declama la realidad del sexo femenino en sesenta y ocho versos de impresionante melodía.

“Hombres necios, que acusáis
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis;
si con ansias sin igual
solicitais su desdén,
¿por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?.”

El inicio del poema plantea una verdad general, la que después se irá convirtiendo en verdades particulares sin perder, en ningún momento, el hilo conductual que cruza todo el poema.

El desgarro sentido ante la magia que encierran las palabras la convirtió en una persona de carácter fuerte al momento de defender sus planteamientos, como también en un ser puro de espíritu, donde la sensibilidad fue una sutil daga incrustada con delicadeza en el velo de la sociedad.

A pesar de su firmeza tiene que haber sufrido demasiado, porque sintió demasiado el honor y la furia que el destino depara a los humanos. Se dolió ante la forma concreta que toma la vida para manifestarse. Esta manifestación la resume en su rostro, pintando un retrato con palabras que no se pueden plasmar en un cuadro, porque cada verso tiene una forma etérea donde sólo la imaginación puede leer y entender el mensaje que nos envía de cómo es ella en su aspecto exterior:

“Este que ves engaño colorido
que del arte ostentado los primores,
con falsos silogismos de colores
es cauteloso engaño del sentido;
éste, en quien la lisonja ha pretendido
excusar de los años los horrores
y venciendo del tiempo los rigores
triunfa de la vejez y del olvido:
es un vano artificio del cuidado,
es una flor al viento delicada,
es un resguardo inútil para el hado,
es una necia inteligencia errada,
es un afán caduco y, bien mirado,
es cadáver, es polvo, es sombra, es nada”.

La poesía cubrió por entero su naturaleza, la colmó de un amor tan fecundo que no dejó en su corazón un espacio libre para que fuera ocupado por seres ajenos o distantes a su humilde reinado poético. La sangre caminó por su espíritu, su espíritu se convirtió en sangre para amar el relieve armónico que hacen las palabras en el instante preciso en que son escritas.

Enamorada del amor sublime, se dejó abrazar por los libros, para sentir como el calor de aquellas páginas alimentaban su existencia, imaginó mundos donde la música iluminaba el camino del viento, para que pudiera tomar del infinito los escritos que parió en cada estación vivida entre murallas y ventanas del convento, entre gentes que supieron el valor de su respiro y otros que anhelaban borrar el paisaje real de sus sueños, quizás por celos o simplemente porque era mujer, pensaba y era valorada por quienes no miden la inteligencia por el color del sexo.

Con escasos cuarenta y tres años y con la sabiduría de una anciana, se enferma gravemente a causa de una epidemia, antes de morir es obligada a deshacerse de su biblioteca e instrumentos musicales. Hasta el final de sus días Sor Juana Inés de la Cruz, es castigada por haber nacido y vivido bajo el signo de las almas sensibles, como si fuera culpable de haber sido llamada, de haber sido elegida para ser diosa y escribir en el libro de los inmortales.

martes, 26 de septiembre de 2006

La Cárcel de María Carolina Geel


Hoy es un lunes diferente, amanecí con intenciones de hacer cosas nuevas y terminar asuntos pendientes, como por ejemplo, ordenar el escritorio, el cual parece una bodega del siglo pasado. No me extrañaría encontrar un tenedor, un trozo de pan mordisqueado, e inclusive mitades de galletas, o el cenicero que aún no encuentro en el resto de la casa.
Tratando de ordenar este paquete de virutilla me enredé en un libro de ciento seis páginas, escrito por la escritora chilena Georgina Silva Jiménez, quien usaba el pseudónimo de María Carolina Geel.

Tomé el pequeño libro entre mis manos y una sensación extraña de recorrer nuevamente sus páginas me hizo leerlo de nuevo. Se trata de “Cárcel de Mujeres” escrito desde la realidad más cruda que significa estar privada de libertad, pues María Carolina Geel, en el año 1950 disparó a su amante hasta causarle la muerte, en el lujoso hotel “Crillon”, lugar que por esa época era un punto de encuentro social de la burguesía santiaguina. Este acto le significó una sentencia de tres años y un día. Su fama de novelista, crítica literaria y ensayista llevó a que Gabriela Mistral pidiera su indulto al Presidente Carlos Ibáñez del Campo.

La obra de María Carolina Geel, se caracteriza por tratar temas de mujeres de una manera transgresora, sin miedo a romper con lo establecido. El prestigio por su pluma llevó a que Alone la impulsara a escribir mientras se encontraba recluida, naciendo así Cárcel de Mujeres. La palabra toma vida y la rescata de perecer. No encontraremos en sus líneas una confesión, muy por el contrario, Geel se aboca a narrar la realidad de las otras reclusas, convirtiéndose así en alguien invisible que puede observar todo con tranquilidad. Su capacidad de observadora secreta le permite descubrir un mundo del cual ella es partícipe pero a la vez ajena, va por los pasillos almacenando en su voz el alimento necesario para satisfacer el oficio y calmar sus días.

Al terminar de leerla me quedé pensando en todo lo que debió haber sentido para cometer aquel episodio, de la forma que amó o de lo mucho que debió haber sufrido para tomar aquella decisión, la cual se ve reflejada en el último episodio del libro, que dice:

“Cuando iba a partir, tuve la penetrante intuición de “algo”. Pensé que no regresaría. Guardé el arma en el bolsillo y escribí un papel, dejando una suma de dólares a determinada persona. Hubo un momento en que busqué cierto ridículo ante mí misma e intenté ampararme en él, pero al pensarlo y reconocer la profunda fatiga de mi ánimo, la certeza de que jamás, pese a haber vivido tanto, hallé un ser íntegro y fuerte y de que mi propia jornada fue una sola frustración, una disonancia, ví que yo estaba soportando unos días aciagos que no llegaría a resistir más. Frente a ello el ridículo era una pobre cosa que no se sostenía a sí mismo. Y no me salvó. Y allí, y llegué allí, y ante aquellos ojos vagos el acto monstruoso estalló de mi ser y todo se precipitó, consumado. Para siempre. ¿Quién comprenderá? Para siempre.
Si puse un arma en el bolsillo, si cuando me dirigía hacia allá, por el camino me asaltó la ansiedad de que no vería nunca más el hondo verde de la naturaleza, el aire azul, las viviendas de los hombres y dije a aquel chofer que fuese más lento, ¿iba yo ciertamente al encuentro de mi muerte? La libertad de morir había sido cultivada, meditada pro mí desde muchos “estados”, es decir, era ella la reserva delicada de las tristezas que trajeron los años, el acto simple de una soledad impenitente, la decisión justa que resultada de una incapacidad casi patológica de estar entre los seres, la meta natural de esa grave y constante angustia de no servir para nada ni para nadie. ¿Iba pues, hacia el fin? Si iba, ¿Qué transmutación animal degeneró mi voluntad? Quizás hay climas morales que al saturar inficionan, y yo recuerdo mucho que el transcurrir de esas horas, de esos días, era denso, atribulado y estaba como regido por las leyes mudas de la muerte.
A menudo yo me sorprendo ensimismada, de pie, en el centro del cuarto, igual que muchos, seguramente, antes que yo; igual que hoy mismo muchos otros en las cárceles del mundo”.

El libro nos hace entrar a ese mundo que ahora conocemos por los diferentes programas de televisión, pero en aquel tiempo, la cárcel era sinónimo de hermetismo. En presidio escribió Cervantes y Oscar Wilde, pero es María Carolina Geel quien nos acerca a una intimidad misteriosa, llena de silencios gritados, donde la noche se comparte con ausencias que van más allá de cualquier soledad conocida.